Haz lo que amas. Ama lo que haces

 

Autor: Joan Torró.  26-4-2020

Artículo publicado en la revista Logon.

Haz lo que amas. Ama lo que haces. Estos breves principios nos conectan, por una parte, con la antigua sabiduría y, por otra parte, con el sentir general de las vivencias diarias. 

Lo importante no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa.

Parece que somos muchos los que sentimos esa conexión que nos une a todos y que parte de nuestro corazón. Los sentimos desde lo más profundo de nuestro ser, sin límites de espacio o tiempo.

Escuchamos a diario testimonios de personas con propósitos nobles y elevados acerca de aquello que desearían hacer, o de aquello que no hicieron y quisieron hacer. 

En el ser humano la actividad empieza a gestarse con el pensamiento, en la cabeza, a no ser que actuemos de manera visceral. Se dice que el estómago es “nuestro segundo cerebro”. Tiene 100 millones de neuronas, motivo por el que los científicos lo han apodado así. Aunque su red neuronal no elabore pensamientos, influye en el estado de ánimo y en el sueño.

Pero nuestro pensamiento nace en la mente y con él comienza aquello que queremos realizar. Es importante que antes de ejecutarlo pase por el filtro del corazón y el sentimiento de crear: ¿quiero realmente hacer esto o aquello?

Sabemos que no es fácil y que incluso los antiguos iniciados se quejaban de ello cuando mostraban su arrepentimiento diciendo:

“Lo que quiero hacer no lo hago y eso que hago, no quiero hacerlo.”  

En este caso nos preguntamos: ¿merece la pena actuar así?  ¿Estoy sumando a mi vida o estoy restando?

Efectivamente, encontramos aquí todo un proceso de iniciación.

En primer lugar, “conócete a ti mismo”.

¿Quién eres, buen hombre, buena mujer? ¿Hacia dónde te dirigen tus pensamientos?

Y una vez hayas percibido mínimamente la respuesta, de dónde proceden tus antepasados y tú mismo, colocado en este lugar y en este momento determinado de la historia de la humanidad, conociendo tu estructura racional, moral, anímica y espiritual, espontáneamente descubrirás que no estás solo y que la vida se organiza a tu alrededor para ayudarte a crecer.

En segundo lugar, o quizás simultáneamente, sentirás la necesidad, el deseo, el anhelo profundo de hacer algo. Pues de nada sirve todo el conocimiento que hayas acumulado si no lo ejecutas, si no actúas en concordancia con tus pensamientos. Los conocimientos alimentan la mente, pero es ese amor que precede a la actividad el que le da gran valor.

El conocimiento nos lo prestan los demás. La sabiduría se desarrolla en nosotros. La sabiduría es interior y el conocimiento es exterior.

Entonces percibimos que el acto no solo ha sido elaborado con consciencia, sino que además ha sido revestido de una fuerza inconmensurable.

“Haz lo que amas”, puede parecer una utopía, pero ¿cuántas veces hacemos cosas que no queremos hacer?

Y es precisamente cuando centramos nuestra actividad en aquello que realmente inunda nuestro corazón, cuando el resultado es más satisfactorio.

Lo sabemos bien, cuántas veces parece que la vida nos dirige en contra de nuestro deseo. Si lo observamos con detenimiento y lo analizamos, nos adentramos en la supuesta injusticia de la vida. ¿Por qué yo? ¿Por qué me ha tocado a mí?

Llegado a este punto comprendes la idea de “fluir con la vida”…  Y entonces llega la segunda sentencia: “Ama lo que haces”.

Esta acción es una gran ayuda para crear la vida que realmente quieres. Pasar de ser víctimas, meras fichas en el tablero, a ser los responsables de nuestra propia vida, pues en muchos casos, por falta de valentía, no seguimos nuestro instinto.

Dar saltos al vacío sin quedarnos en la seguridad aparente, desperdiciando oportunidades que elegimos para experimentar y evolucionar como Seres únicos.

Si lo pensamos y lo sentimos, ¿por qué no dar el siguiente y definitivo paso?  La acción es la mano que gira la llave para abrir la puerta que expande nuestra consciencia hacia el amor incondicional.

Al final, lo sabemos bien, “somos lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos”, así que ¡actuemos con amor!